La tarea de cuidar es un papel duro para el
que normalmente no estamos preparados, en el
que invertimos gran tiempo y esfuerzo, y que
no siempre se ve tan recompensado como debiera.
Suele ser una tarea poco agradecida y habitualmente
requiere cierto aislamiento con el enfermo.
Aunque es un trabajo duro, a su vez puede resultar
una experiencia muy satisfactoria ya que estamos
ayudando a una persona querida en su día
a día. El cuidado de una persona puede
también hacernos sentir unas emociones
antes desconocidas de las que siempre aprenderemos,
tanto de la persona a la que cuidamos como de
nosotros mismos.
Los cuidadores logran una relación más
íntima con las personas a las que cuidan
y acaban por sentirse útiles y posiblemente
satisfechos por ayudar a una persona que lo
necesita. |