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1. ¿QUÉ ES?
SIDA son las siglas de “Síndrome
de Inmunodeficiencia Adquirida”. Es una
enfermedad causada por un retrovirus denominado
Virus de la Inmunodeficiencia Humana (VIH).
En 1981 se describieron los primeros casos en
varones homosexuales previamente sanos. El SIDA
constituye un problema mundial, tanto por su
repercusión sanitaria como por el impacto
social que está generando.
Se define que una persona tiene SIDA cuando
el virus VIH, que puede permanecer inactivo
durante largos periodos de tiempo, se multiplica
destruyendo las células del sistema inmunitario
y haciendo perder al organismo su capacidad
de respuesta frente a infecciones. El SIDA es
una fase avanzada de la infección por
el VIH. Una persona infectada por el virus VIH
puede no desarrollar sintomatología durante
mucho tiempo (años) pero, sin embargo,
puede infectar a otras personas.
1.1. ¿Cómo se clasifica?
La clasificación más reciente
atiende al recuento de linfocitos CD4; un recuento
inferior a 200/mL advierte de la presencia de
infección por el virus que causa el SIDA,
independientemente de las manifestaciones clínicas
que puedan existir. En base a este diagnóstico
existen tres categorías (véase
diagnóstico).
1.2. ¿Quién lo padece?
Desde el año 2001 al 2002 ha habido un
estancamiento en cuanto al diagnóstico
de nuevos casos de SIDA (más de 2.400
casos por año), entendiendo por SIDA
la consecuencia tardía de la infección
por el VIH. Desde 1996 gracias al tratamiento
antirretroviral de alta eficacia se produjo
un descenso en la aparición de nuevos
casos de SIDA del 60% en 5 años.
La contracción de SIDA se da más
en hombres y la edad media del diagnóstico
es de 38 años. La causa principal de
infección por el virus es por compartir
materiales de inyección en drogodependientes.
La infección en relaciones sexuales no
protegidas también ocupa un puesto importante
entre las causas principales.
1.3. ¿Cuáles son sus causas?
El virus VIH puede transmitirse a través
de cinco líquidos corporales: sangre,
semen, líquido preseminal, líquido
vaginal y leche materna. La forma más
común es el contagio mediante la sangre
y el semen durante el sexo anal, vaginal y oral
sin protección.
La característica fundamental del VIH
está en su ciclo reproductivo: se introduce
en la célula en forma de provirus, interacciona
sobre la célula a la que ha infectado
(célula huésped) produciendo en
ella lesiones genéticas.
El virus utiliza a la célula infectada
para multiplicarse y producir sus viriones,
y de este modo acaba destruyendo la célula.
Los viriones que va generando el virus son de
una gran variedad genética en comparación
al virus original que infectó la célula.
Esta es la razón por la que, aunque el
organismo fabrique una gran cantidad de anticuerpos
para la lucha contra el invasor, la capacidad
de neutralizarlo es muy limitada, lo que facilita
que la enfermedad progrese y resulte difícil
encontrar una vacuna eficaz.
Una vez ocurrida la infección, la enfermedad
entra en un periodo de latencia variable, en
la que la persona es potencialmente transmisora
de este virus. Cuando se deteriora la inmunidad
celular comienza la fase clínica de la
enfermedad. En general, tras la infección
por el VIH, en pocas semanas se instauran los
síntomas de una infección aguda,
similar a los síntomas de la mononucleosis
infecciosa, que desaparece en unas dos semanas.
Tras esta fase se inicia el denominado periodo
de latencia o de portador asintomático
caracterizado por la presencia de anticuerpos
y la ausencia de sintomatología clínica
que puede durar hasta más de 10 años.
Durante este período el virus va desestructurando
el sistema inmune.
1.4. ¿Cómo se diagnostica?
Las pruebas de diagnóstico a realizar
para comprobar si el paciente está infectado
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